lunes, 10 de octubre de 2016



05/10/2016
* Esta historia tiene todos los derechos reservados de autor. No se permite su copia pero sí su difusión bajo el nombre del autor.
© 2016 Elías Enrique Viqueira Lasprilla

Camino a la Eternidad: Evandelión

Evan caminaba con paso firme y decidido hacia su hogar mientras
portaba una sonrisa de felicidad radiante. Era un día espléndido.
Uno de esos que a nadie le gustaría que acabara... ¿O tal vez sí?
—Debería de entrenar más, mi Eón necesita mayor velocidad —dijo
Evan con voz dulce y valiente.
Mientras andaba pensando en ser el mejor combatiente de Eones,
al fondo observó fuego.
La palidez inmediata le resultó un enemigo fugaz.
—Oh, no —habló con sorpresa hostigadora.
Su hogar ardía en llamas extrañas de colores azules y rojos,
y por la puerta...
—¡Cariño! —gritó Evan al contemplar cómo secuestraban a su
mujer unos entes oscuros y de gran tamaño, además de ir bien
acorazados.
“¡Evan, déjame salir al mundo!
Ese pensamiento interior del Eón del hombre era decisivo.
Enseguida, una omnipotencia desmedida de armaduras, vestimentas,
auras de energía arrasadoras y alas salvajes amaneció al combate.
—¡Quietos, insensatos! ¡Qué creéis que estáis haciendo! —rugió
el Eón de Evan, llamado Rurial.
Éste desenfundó su espadón-cañón y se abalanzó contra los
primeros enemigos.
—¡Os masacraré a todos!
La Ira Divina la tenía activada mientras empezaba a desmembrar
cuerpos multiacorazados, estallando los choques de armas como
si fueran las tormentas de un pequeño apocalipsis.
Segundos de batalla intensa, Rurial lograba algunas victorias,
pero no suficientes.
—Se la llevan... ¡No! —tronó de furia inmensa—. ¡Insolentes
malditos! ¡Vais a saber el poder de un Eón imperial!
Al momento de su cólera insostenible, Rurial empuñó su espadón
y expulsó un láser orondo que reventó el claro urbano.
Suerte había de que eran días de fiesta y no había nadie por
los alrededores, pero algunos ciudadanos ya dieron la voz de
alarma al presentir problemas en la vivienda de Evan.
Muchos hostiles fueron aniquilados por la onda expansiva de
Rurial, sin embargo, no fue suficiente.
—¡No! ¡Quietos! —chilló Rurial al observar a lo lejos que un
enemigo se llevaba a la mujer de Evan.
Empezó la persecución.
Rurial corría como bestia insaciable a por el raptor de Nina:
la esposa de Evan.
El Eón disparaba rayos de sus alas mientras volaba ahora a
por el contrincante.
Y enseguida, batalla.
—¡Quién eres! ¡Identifícate! —exigió Rurial al tener delante
a un ser negro completamente, titánico y con una armadura
múltiple como la que poseía el Eón.
Nina estaba atrapada en el vientre cristalino del enemigo.
Ambos luchadores comenzaron a batirse en duelo apocalíptico.
El cielo ordenaba estampidas bélicas cuando Rurial atentaba
contra el hostil.
—¡Cómo te atreves, demonio! ¡Pagarás por esta osadía de
enfrentarte a un ser sagrado como yo! —juró Rurial con saña
eónica.
Los puñetazos a la velocidad de la luz, los golpes de alas
variadas, las corazas saltando en pedazos, los rugidos de
bestias inmundas deseando arrancarse las eternidades sin
piedad, los tajos monumentales y las iras desmesuradas estaban
a flor de piel.
Rurial era un campeón. Su historia como Eón era increíble.
Era un general que ostentaba en su legión a toda una horda
de millones de seres colosales como él, pero ahora estaba
solo ante el peligro.
Uno demasiado poderoso.
—¡Suelta a Nina! —deseó Rurial con más rabia.
Su espadón traspasaba el viento como dragón irremediable
de poderío inmune, no obstante, el enemigo también las traía
cargadas.
Rurial sufrió un placaje y terminó sellado en un cúmulo
de rocas al caer en picado.
El estallido del cuerpo gigante de Rurial contra el suelo
fue parecido a un terremoto de poca magnitud.
Los segundos apremiaban y Rurial necesitaba recuperar
la compostura.
—Nina... ¡Nina! —dijo al verla perdida en el cielo.
“¡Rurial! ¡Date prisa! ¡Se la lleva!
Ese pensamiento del interior del Eón era de Evan. Estaba
desesperadísimo.
Rurial alzó vuelo de nuevo pero débil, ya que el placaje
de antes lo había dejado prácticamente sin energías.
—Esa cosa no es normal. No he percibido tanto poder antaño
como el de ahora —comentó Rurial para sí mientras daba
alcance aéreo al hostil—. ¿Qué será? No parece un Eón.
Volando a enorme velocidad, Rurial conseguía el objetivo.
—¡Suelta a Nina!
Disparó cuatro láseres seguidos de sus alas y uno ciclópeo
de su arma al abrirle los filos y desenfundar un cañón del
núcleo del espadón.
El enemigo contempló el gran peligro trasero y conjuró un portal.
Rurial frenó en seco.
—¡No! —chilló atónito.
El hostil desapareció antes de ser alcanzado.
Evan quedó fulminado dentro de Rurial, en su corazón de
eterna felicidad.
“Nina... Nina... ¡NINA! ¡NO! ¡AMOR MÍO!
Nina no estaba en el mundo.
Las respiraciones agitadas del monumental cuerpo armado
múltiplemente de Rurial estaban entrando en descontrol.
—¡NINA!
Misión fallida.



06/10/2016
Estaba destrozado. Evan perdió a su mujer en un rapto
extraño y fugazmente bélico.
—Amor mío... —dijo exhumando lágrimas de recuerdos
pasados.
Había sucedido un día entero desde el secuestro de
Nina, y Evan no estaba por la labor de que la
felicidad le fuera su segunda esposa.
“Heredero mío, debemos continuar. Hay que ser
fuertes. Nina nos necesita.
Ese pensamiento de Rurial, dentro del corazón de
Evan, era el renacimiento del valor.
—Tienes razón. Hay que salvarla. Es mi amor.
Con el coraje de un campeón y no de un héroe que
acabaría en los cementerios como el dicho famoso,
Evan retomó la venganza y persecución.
En una ciudad futurista y con connotaciones antiguas,
Evan caminaba con paso firme hacia unas bibliotecas
en busca de información.
El sol embriagaba poca paz, sin embargo no era
motivo para activar algún semblante alegre en unos
niños que por allí jugueteaban.
Evan accedió a una biblioteca bastante iluminada
por rayos de luz acristalados, y luego se dirigió
al segundo sector, se sentó y empezó a investigar
en un ordenador holográfico.
—Esa cosa que se llevó a Nina no era un Eón,
querido Rurial —dijo Evan para sus mejores adentros
donde meditaba su fiel compañero gemelo de batalla.
“No era un Eón, tú lo has dicho.
—¿Un dios Eón, puede ser?
“No tenía esa capacidad. Es una especie nueva.
—¿Nueva? —Evan desplazó algunas pantallas hacia su
izquierda mientras buscaba significados relacionados
con el rapto de Nina.
“Eh, Evan. Vuelve hacia atrás. He visto algo en una
de las pantallas anteriores.
—¿Qué es? —Obtuvo la pantalla deseada.
“Mira. ¿No es ese el collar de Nina?
Desconcertado, Evan se acercó a la pantalla.
—Es...Es verdad... ¿Pero qué puñe...?
Antes de lanzar una blasfemia inocente, una mujer
hermosa de gran talante guerrero caminaba hacia
Evan con una sonrisa seductora.
Rurial golpeó el pecho de su heredero.
“Evan, es una descendiente de Eones. Ten cuidado.
Le siento un titánico poder.
El pensamiento de Rurial no turbó a Evan, pese en
la situación en la que estaba con Nina.
La mujer extraña se sentó al lado de Evan, quien no
le apartaba mirada defensiva.
—Evan, ¿no? —dijo ella con voz atrayente y cariñosa,
sin desquitarse de su insólita sonrisa.
—¿Cómo sabes...?
—Te estaba buscando. —Miró las pantallas—. Veo que no
has logrado salvarla.
Al escuchar eso Evan, cerró las pantallas con gesto
furioso.
—Quién eres y qué sabes de mi esposa y de mí —comentó
con voz amenazadora.
—Eh, tranquilo. No soy tu enemiga. —Se acomodó en el
asiento—. Yo solo quiero al ser que se llevó a tu
esposa.
—¿Eres una especie de cazadora?
Ella rió.
—Así es, Evan. Concretamente una paladín. Cazo asesinos
de Eones.
—¡¿Cómo has dicho?! —Evan permaneció atónito.
—Lo que oíste.
—¡¿Esa bestia es...?!
—Sí, ¿estás sordo?
—¡Pero es una locura!
—Eh, cierra la bocaza. —Le colocó la mano en la boca
antes de que alguien los escuchara.
El sabor de los guantes de la muchacha, a Evan le
recordó a los suyos propios.
Los que Nina le había regalado en una ocasión.
—Evan, sé lo que piensas. Ningún Eón debe morir por
estar anclados a la Existencia. —Dejó libre los labios
del hombre—. Y esa cosa que se llevó a tu esposa no va
a hacer tal cosa: masacrar Eones.
—¿Entonces?
—No sé qué es realmente pero hay que detenerlo. Llevo
persiguiéndolo desde hace tres años.
—No sé nada de ti. Me vienes alegre y me cuentas todo
esto. ¿Quieres que deje mi confianza en ti? ¿Cómo sé
que no eres esa bestia disfrazada de sensual mujer?
—¿Te parezco sensual? Vaya, gracias muchas. —Se rió.
—No tiene fiesta. —Lanzó un suspiro—. Oye, tengo que
irme.
—No puedes solo. —Le colocó una mano en un brazo.
—Suéltame.
—Evan, esto es serio.
—¿No me digas? Es mi esposa, no la tuya.
—Soy su hija.
El viento de la sala se esfumó de repente cuando Evan
recibió una brutal paliza mental al escuchar eso, y además,
lágrimas extrañas resbalando por el corazón de la muchacha.
—¿Cómo has...? —Evan estaba fuera de sí de sorpresa.
—Hola, papá...
Infancias olvidadas...

 

07/10/2016
Una noche después de saber Evan que su hija perdida,
Ivory, había vuelto a él, no sabía cómo expresar sus
emociones y sentimientos. La dio en adopción de
pequeña al no poder cuidar de ella, pero el futuro
le sorprendió con el placer de una nueva guerrera.
Las nocturnas baladas que la luna generaba en las
estelas de los edificios orquestaban conciertos
valientes.
—¡Vuelve aquí! —gritó Ivory mientras perseguía a un
desconocido encapuchado.
Las segadoras lluvias le azotaban el hermoso rostro
como si fueran las ráfagas de miles de espadas
provocándole la cicatriz de la próxima guerra.
—¡Detente!
Ivory saltaba los tejados de las urbes cual flecha
de la luz cuando su lanza mágica la impulsaba en
rayo fugaz.
El extraño no tenía piedad en su escapada. Era difícil
de alcanzar pero Ivory no iba a ser menos en su rapidez.
—Ahora verás —masculló Ivory mientras continuaba a la
caza del anónimo.
La mujer expulsó algunos pequeños láseres de su lanza
cuando abrió el principal filo, amaneciendo un cañón.
Diana había logrado y el desconocido cayó en picado
hacia unas callejuelas.
Ivory descendió rápido de los tejados.
En suelo firme...
—¡Quién eres y por qué has intentado robarme! —exigió
Ivory al blandir desafiante su lanza.
El encapuchado se levantó enseguida y mostró los Ojos
del Apocalipsis.
Ivory emanó un gemido de terror apagado.
—No...
Estaba insólitamente asustada.
El ser empuñó un arma brutal y se abalanzó a por ella
pero Ivory lo esquivó a tiempo en un sobresalto.
La batalla había empezado cruelmente e Ivory no parecía
estar en condiciones de combatir debido a la anómala
sorpresa que le invadió el coraje, no obstante su poder
estaba al tanto.
Furia eónica.
—¡No vivirás por mucho tiempo! —rugió Ivory la fuerza de
su Eón femenino.
Los tajos y chocques de armas se intentaban asegurar la
victoria mientras restallaba por el lugar la contienda
perfecta entre heredera de Eón y un ser extraño.
—¡Doblégate ante mí! ¡Quién te crees que eres para
regresar! —bramó la mujer.
Ivory conjuró una onda expansiva para acabar con el ente
pero éste la sorteó con un escudo invisible.
Y de repente, nada.
Una humareda brillante de rayos azules permanecía flotando
delante de Ivory.
—¡Dónde estás! ¡Vuelve, cobarde! —deseó Ivory con venganza
insaciable.
El suelo resplandecía un punto rojo en el suelo. Ivory
atendió ese reflejo.
—¿Eh?
Se acercó con cautela por temor a que el ente regresara de
alguna parte de sus memorias pasadas, presentes y futuras.
Y eternas.
“ Mi madre Nina estaba aliada con la misma organización a
la que pertenezco yo hoy día, pero lo que no me encaja es
que hayan dos asesinos de Eones, y no uno. ¿Qué ocurre
aquí?”.
El pensamiento de Ivory fue furtivo hacia la luz... de la
Oscuridad.
Recogió un amuleto de rubí infernal del suelo.
—Sé quién eres y te extirparé la eternidad, maldito ser.
—Ivory se irguió cual tótem imperial—. Mis padres son la
llave de mi vida. —Observó el cielo tempestuoso mientras
un rayo hacía alarde de ser la brecha del Abismo
Celestial—. Nadie conjurará contra mi familia.
La sentencia de un Eón en cólera era el terror de Dios.



09/10/2016
Evan estaba ciertamente feliz de haber encontrado a su
perdida hija Ivory. La había dado en adopción al no
poder cuidarla, y hoy día la recuperó por sorpresas
del destino.
En campo abierto...
—Eh, papá —dijo Ivory—. El sol me molesta un poco.
—Colocó una mano en visera.
Evan empezó a llover en su corazón.
«Papá…».
Ese pensamiento de Evan le arrasó por dentro.
Su hija, su Ivory, estaba de vuelta con él tras tanto
tiempo que le costaba hacerse a la idea de ser padre
de ella de nuevo.
Cincuenta años de inmortalidad, y sumados a los ciento
veinte de él, realmente era increíble no llorar de
amor reencontrado.
Pero no lo hizo para no parecer débil ante su perdida
hija.
—Papá, debemos tener cuidado.
—Así que perteneces a Orseus, la misma organización
que tu madre —dijo Evan al rodearla por la cintura.
—Sí.
—¿Qué encontraste ayer en la noche?
—Un medallón. —Lo extrajo de un bolsillo.
—Brilla mucho. Lo reconozco. —Lo cogió—. Sí, ya lo creo.
—Papá, hay dos asesinos de Eones. —Se preocupó.
—No me encaja. ¿Cómo pueden existir asesinos de Eones?
—No se puede ni se debe matar a un Eón. Si se hace...
—La Existencia y todo lo que mora en ella, desaparecerá.
—Nosotros los herederos de Eones debemos protegerlos
para que no nos masacren. Si tan solo uno está débil,
se acabó.
—Tu madre es una heredera de Eón fuera de lugar. Hay
que rescatarla.
Con puño decidido, Evan estaba a la victoria.
Ivory olfateó algo extraño en el ambiente.
—¿Hueles eso? —preguntó desconcertada.
—¿Qué cosa? ¿Tu perfume? Me gusta mucho. —Sonrió.
Ivory continuaba cazando el aire.
—¡Papá, cuidado! —Lo desplazó de un placaje hacia un lado.
Un rayo láser rojo y azul fue directo a ellos pero gracias
a Ivory no sucedió nada grave
—¡Hija! —gritó Evan al verla combatiendo contra un ser de
armadura fascinantemente brutal.
Evan abrió los ojos como si le estallaran de las órbitas.
—No... No puede ser, Rurial.
»Querido humano mío, tranquilo. Esa raza nueva es demasiado
peligrosa. ¡Adelante!
El magnífico pensamiento de Rurial, el Eón de Evan, estaba
dispuesto al combate.
—¡Ivory!
El rugido de Evan era el Valor.
La lucha empezó.
El enemigo no dio tiempo a que Ivory contraatacara, y se
convirtió en un...
—¡Papá, dos asesinos de Eones! —chilló Ivory al esquivar un
sablazo salvaje, y rápidamente se transformó en su Eona.
Era la Eona del Altar de la Vida, y Rurial, el del Triunfo.
Padre e hija, Rurial y Nedalea (la Eona de Ivory), ya estaban
listos para la batalla.
—¡Malditos! ¡Quiénes sois! ¡Dónde está mi mujer! —bramó Evan
desde dentro del corazón de Rurial, mientras que éste apuntaba
con su titánico espadón de ocho filos y nueve alas protectoras
hacia los rivales.
Ninguno de los hostiles habló, y decidieron la lucha en unas
acometidas láseres.
—¡Cúbrete, Nedalea! —improvisó Rurial.
Nedalea conjuró varios escudos gigantes para frenar los rayos
apocalípticos, mientras que Rurial enfrentaba a la asesina de
Eón que iba acompañada del otro.
Una cruel e imparable batalla entre dos bestias inmundas de
Eones se disputaban la victoria. Así eran Rurial y su
contrincante, reventándose las armas a sañas bélicas con todo el
coraje y habilidades omnipotentes.
—¡Dónde está Nina! —exigió Rurial cuando devastó una de las
múltiples hombreras de la asesina de Eones—. ¡Se acabó!
Al instante de preparar el golpe fatal, Rurial escuchó un grito
de Nedalea.
—¡Hija!
Al observar Rurial que estaba en peligro su hija, la asesina de
Eones placó a Rurial con una monumental onda expansiva,
lanzándolo por los aires.
Estampidos y manadas de magias retozando como eróticas parcas
salvajes en el clima, Rurial se intentaba incorporar tras la
bomba eónica.
—¡Nedalea! ¡Hija mía! —gritó Rurial al buscar entre la niebla
bélica a Nedalea.
»¡Rurial, allí está!
Ese pensamiento de Evan desde el interior de su Eón avivó la
moral.
Nedalea estaba prácticamente sin energías, algo que suscitó
demasiadas sospechas en Rurial
—No... Un momento... —Rurial refrescó el ambiente con un viento
raudo que se llevara la niebla.
Los asesinos de Eones ya no estaban.
»Amigo, ¿qué ocurre?
La meditación de Evan se perdió en la nada.
—No puede ser... —Rurial fue a por Nedalea.
Al llegar a ella...
—Hija, ¿estás bien?
Nedalea sufría bastantes magulladuras y algunos aquelarres de
cicatrices, pero su omnipotente armadura de cuatro capas
todavía seguía intacta.
—¡Dios! ¡Me han machacado!
Eso que exclamó Nedalea al levantarse hizo algo de gracia,
pero a Rurial le hostigaban pensamientos horribles.
Rurial y Nedalea regresaron a sus cuerpos humanos.
—Papá, esos no eran...
—No, no son asesinos de Eones —cortó Evan a su hija.
—¿Qué ocurre aquí?
—No lo sé, pero tus energías se han evaporado tan repentinamente
de un solo ataque de ellos que mi pregunta es: ¿son realmente
Eones negros?
—¿Cómo? Pues... —Ivory pestañeó rápidamente ante tal cuestión.
—Mi mujer, tu madre, la quieren para algo.
—¿No son asesinos de Eones?
—Esa raza, recuerdo una vez que existió hace miles de eternidades
atrás cuando nuestros Eones estaban reunidos bajo mandato
sagrado en protección de lo divino—maligno.
—¿Y? Eso ya lo sé.
—Los asesinos de Eones se convirtieron en armas.
—¡¿Qué?!
Al momento de quedar impactada, Ivory invocó su fiel arma eónica
en su mano derecha.
—Papá, ¿insinúas que...?
Evan asintió al ver a su hija plantando vistas incrédulas en
su arma imparable de sangre victoriosa y reluciendo un fulgor
casi cegador.
—Nuestras armas de Eones son asesinas de ellos mismos —confirmó
Evan.
—Oh, no... ¡Mamá!
El grito de Ivory estalló en torrenciales lágrimas a los
hombros de su padre.
—¡La van a convertir en un monstruo! —gritó Ivory al pecho de
su progenitor.
Rurial, dentro del alma de Evan, centraba las bases del peligro
descubierto.
«Si transforman a Nina en un arma asesina de Eones, habrá una
guerra. El poder de Nina es único. Ella es un linaje especial
ligado a Eones fuera de lugar, lejos de a los que pertenecemos
muchos como Nedalea y yo... Oh, no. Van a empezar a dominar a
Eones divinos».
Los diezmadores de la esperanza.
Iban a sacrificar a Nina.


09/10/2016 (Segunda parte)
La general Demira Falian llevaba a su ejército a la
primera
batalla.
—Comandante Trevor, prepare a las máquinas —dijo
Demira con
la voz de una auténtica guerrera eónica.
—Sí, mi señora.
Las tempestades antes de la calma se hacían notar en
el
silencio atronador de sangrial.
El estigma de una campeona.
“ Una guerra... Una maldita guerra de Eones se ha
vuelto a
inicar —pensó Demira para sus adentros más
preocupados
mientras cerraba un puño inquietante—. Mi familia
fue
crucificada por culpa de Eones negros y cobardes
domados
por la Oscuridad. Pereceréis todos bajo mi mano”.
Furia de Eón.
Demira era una general bastante consagrada. Poseía
un
carácter devastador ante los que le oponían la
voluntad de
ser feliz y amorosa. Era una guerrera con una Eona
en su
interior (llamada Galiathael) con una omnipotencia
suscitando
siempre la victoria a sus compañeros de batalla.
Y hoy tenía que procurarse otra.
Demira observó el frente nublado.
—Prepárate, Galiathael —dijo Demira a su fiel amiga
desde...
Quién sabría.
“Lista.
Esa voz de dentro de Demira era su Eona, quien la
mejoraba
cada segundo de su inmortalidad con un amor
inmejorable.
El ejército de Demira estaba dispuesto.
—Allí están los cobardes de Orseus —murmuró Demira
con ojos
henchidos de valor—. Cómo osáis invocar asesinos de
Eones.
Estáis locos.
Demira conjuró su lanza-cañón de diez puntas láser y
un
núcleo arrasador de energía.
Al momento de hacerlo, todo el ejército estaba listo.
—¡Preparad máquinas y cargad! —mandó Demira y su voz
irrebatible.
Los restallos de armamentos y los soldados
desenfundando
belicosidad se escuchaban por todo el mundo.
Demira contempló una línea oscura en el frente.
—Ahí vienen —dijo luego.
Se transformó en su Eona Galiathael.
—¡Que no quede ni uno vivo!
Y con su trono del apocalipsis gutural, inició la
contienda.
Millones de Eones negros llegaban a lo lejos mientras
los
soldados y máquinas futuristas de Galiathael iban a por
todas.
Los primeros choques de armas y blindajes multiplicados
en
otros tantos agonizaron el silencio para dejarse escuchar
ante los hilos invisibles de la paz.
—¡No sois rival para mi ira! —expulsó Galiathael su furia
eónica contra dos mil soldados del abismo a la vez que
enfrentaba a un Eón negro.
Unas capitanas y unos comandantes preparaban a los robots
colosales.
—¡Ahora, disparad, disparad! —ordenó una milicia.
Ondas reflectantes fueron dispersadas por todo el campo
frontal
hasta devastar lo que hubiere por delante.
Un soldado avistó el fuego amigo.
—¡A un lado!
Se apartaron los que estaban presintiendo el peligro.
Galiathael se llevaba por delante al Eón negro tras
succionarlo,
ya que si se asesinaba a uno (fuera divino o maldito),
la
Existencia perecería. Todos estaban bajo la custodia de
la Vida.
Como tótems del universo.
Galiathael percibía que algo no iba bien.
—¿Qué me sucede? Mis energías están algo debilitadas
—dijo
extrañada.
Su multiarmadura estaba perdiendo fulgor blanco y rosado.
Algo extraño.
Sin darle mucha importancia, continuó las masacres por su
cuenta mientras su ejército la llevaba a la victoria.
—¡Avanzad, avanzad! ¡No les dejéis hacer nada! ¡Haced más
presión!
Esas órdenes de Galiathael siempre daban el resultado
esperado.
Presionar y atacar, defender lo justo y convertir las
protecciones
en nueva ofensiva.
—¡Continuad! ¡Escudar el flanco derecho! ¡Seguir delante!
¡Expulsad
aniquilaciones a la izquierda!
Su furia eónica era inmejorable. Había logrado tantos
triunfos en
innumerables guerras eternas que no tenía piedad con el
enemigo.
Su energía no se ponía en duda.
—¡Así, muy bien! ¡Vamos!
La voz de la Vida Eterna. Así tachaban algunos a Demira
y a Galiathael.
Almas gemelas femeninas.
—¡Destruidlos a todos!
Sin embargo, no siempre ella era la dueña del mundo.
Un fustigador núcleo invisible arrasó las intensificadoras
acometidas
de Galiathael justo antes de exterminar a varios enemigos.
—¡Mi general Galiathael! —gritó una caballera al ver a la
jefa fuera
de combate de un suspiro.
Abatida al momento.
Muchos soldados quedaron atónitos ante tal calaña brutal.
Varios generales secundarios al mando de Galiathael tuvieron
que tomar
la iniciativa y seguir el protocolo de auxilio y control.
—¡Continuad avanzando! ¡Que alguien saque de allí a Galiathael!
—ordenó
un general con nervios de acero.
Las energías de Galiathael estaban derruidas casi por completo
y empezaba
a ser demasiado inquietante.
—¡No! ¡Id a por ella, id a por ella! ¡Deprisa! ¡La fatigan!
—exclamó
asustada una comandante.
Algo sobrenatural eso que soltó ella, pues, como el fenómeno
paranormal
del amor, los Eones eran prácticamente inmunes de dejar sin
energías a
pocos segundos.
Eran como mundos andantes de blindaje divino.
Galiathael sufría palizas irremediables sin defensa alguna.
—¡Fijad los objetivos de Galiathael y fulminadlos! ¡Rápido,
maldita sea!
¡RÁPIDO! —deseó un general desesperado.
La moral se reducía, la ira ya no era valiente y el miedo
ante una muerte
segura de un Eón pendía de un hilo.
Dios perdió los gallumbos.
Sin embargo...
—¡Demonios insolentes! ¡Ahora veréis!
El atronador estrado de la garganta de un salvador entró
en acción.
Varias ondas masificadoras demolieron a los enemigos que
Galiathael tenía
encima, otras tantas acometidas láser arrasaron y
destruyeron soldados que
se cebaban con los tanques futuristas de algunos compañeros,
y unos discos
de fuego bélico terminaron por salvar a la general divina.
—¡Quiénes son esos! —quiso saber una caballera rubia al
quedar anonadada
ante dos salvadores inesperados.
Un guerrero fijó miradas incrédulas en las bandas que
portaban esos Eones
salvadores de Galiathael.
—¡Son de Orseus! ¡Cuidado!
Y enseguida apuntaron objetivos.
Pero antes de disparar, la mano derecha de Galiathael
frenó el ataque.
—¡Quietos! ¡No he dado orden de golpear a dos amigos!
Eso que exigió Galiathael, que estaba mal herida por
muchas partes de su
organismo blindado y celestialmente bélico, no tenía
sentido, pues ella
odiaba al clan Orseus, y había dos miembros ahí
plantados delante de
ella que la ayudaron.
—Rurial, Nedalea, habéis tardado —dijo Galiathael.
Nuevos amigos, nueva guerra.



10/10/2016
Ivory fue a visitar en los centros de
mando de la ciudad Ubarian a Demira.
Dentro de los salones presidenciales…
—¡Demira! —gritó Ivory para hacerse
notar su eco femenino a lo lejos
donde estaba la general, que se giró
para mostrar una sonrisa complaciente.
—¡Ah! Hola, Ivory —saludó con gesto
cariñoso y un abrazo.
—Sí, hola. —Relegó de la felicidad.
—¿Te ocurre algo? —La observó triste.
—¿Podemos hablar en privado?
Eso que preguntó Ivory suscitó malestares
futuros para Demira.
—Claro, acompáñame.
Yendo hacia un despacho y entrando,
Demira cerró la puerta tras de sí con un
paso mágico de la mano.
—¿Todo bien, Ivory? Siéntate, por favor.
—No, no. No quiero. —Extrajo del
bolsillo el medallón que había encontrado
una noche en un callejón bélico—. Quiero
que me digas qué es esto exactamente.
Al verlo, Demira lanzó un grito apagado de
horror.
—Sí, Demira. ¿Aterrorizada? Pues mírame
a mí. Y encima mi madre está secuestrada
por tu culpa.
—¡¿Mi culpa?! ¡Ni se te ocurra hablarle
así a…!
—¿A quién? ¿A una general traidora?
—¡Silencio, niña!
El ambiente repentinamente tenso estaba
a punto de estallar en guerra dual.
—No soy una cría. Soy una Eona. Que
no se te olvide con quién hablas. —Ivory
demostraba su fiereza valiente.
—Lo mismo te digo.
—No, no es lo mismo dada tu condición
en este momento. —Lanzó un suspiro
hondo e irritante—. ¡Una Eona reconvertida
tras un engaño amoroso! ¡Lo que hay que
escuchar!
—¡No tolero eso! —Expulsó su ira contenida
contra la mesa al golpearla con un puño.
—Menos los demás herederos que tenemos
contacto contigo. —Se le acercó con amenazas
peligrosas—. ¿De quién es este medallón,
Demira? Empieza a hablar, y espero que tengas
un plan seguro para rescatar a mi madre, o
le diré a todo el mundo que estás liada con un
descendiente de Eón maldito. —Enjauló con un
brazo a Demira en la pared—. ¿Quién es él o ella?
Dímelo.
—No te incumbe.
—¡Mentirosa! ¡Habla de una vez! ¡Mi madre
está en peligro!
La situación era límite, y cualquier otro rugido
entre felinas, podría suscitar una gran batalla en
el lugar.
—Está bien. —Demira respiraba algo agitada
pero controlándose, sin dejar de retener la visión
ofensivamente salvaje de Ivory clavada en sus ojos
negros—. Maly y yo…
—¿Maly? Así que ella es tu amada.
—Sí.
—Lo que me faltaba. Una Eona maldita
tirándose a una divina como tú. Genial. —Su gesto
despectivo blasfemó contra Demira.
—No es lo que piensas.
—¿No? ¿Entonces? ¿Qué tramas con esa tal Maly?
Espero que tengas un buen plan para salvar a mi
madre, o te juro…
—¿Juras? Hereje. Te recuerdo de dónde viene tu
omnipotencia. Dios te masacrará como vuelvas a
decir algo así.
—Me da igual. No existen religiones, solo la mía.
—No conozco tu ciencia.
—Mejor que ir tirándose Eones malditos por ahí,
seguro que es.
—¡Pero serás…!
Antes de abofetear Demira a Ivory, un comandante
entró al cuarto con problemas.
—Mi señora Demira, tenemos amenazas —dijo el
hombre.
Disimulando las sañas bélicas, Demira atendió al
varón.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
—Viene un batallón de Orseus hacia aquí, y parece
que en nombre de Tair Valia.
Ivory se llevó una mano a los labios en gesto
preocupado. Demira la cazó enseguida.
—¿Lo conoces a ese hombre? —quiso saber Demira.
Ivory asintió.
—Vaya, vaya… Parece que no soy la única que
guarda secretos —insistió Demira trayendo al
momento intenso la riña de fieras anterior.
—Bien, comandante. Prepare los equipos. Hora de
batallar —ordenó Demira.
—Sí, mi ama.
Viendo que el hombre abandonaba el despacho,
Demira atendió a Ivory.
—Dime lo que tengas que decir, Ivory. No voy a
ser hostigadora.
—Tair fue un hombre que no dejaba en paz a mi
madre. Él me enseñó cómo manejar a mi Eona,
pero al descubrir que conspiraba enamorarse de mi
madre para sus fines, rompí relaciones con él.
—Hay que detenerlo. Tu madre parece tener más
pretendientes que amenazas.
Ivory le entregó el medallón y la observó con desprecio.
—Pues espero que tu zorrita no haga de las suyas o
quedará empalada por mi mano derecha. Procura no
tentar la ira de una socia del divino Orseus.
Parecía que la única batalla no iba a ser la guerra
exterior, sino también entre dos Eonas.




11/10/2016
El día mañanero entregaba otra batalla más a la
guerra inesperada de Eones. Tair y su ejército
ya se divisaba en el horizonte de las lejanías de la ciudad.
Demira ya estaba preparada para combatir junto con
Evan e Ivory de su parte, y un millonésimo ejército a sus
disposiciones en contra del de Tair.
—Evan, Ivory, os quiero a mi lado —empezó a dar
órdenes Demira.
—Sí —dijeron al unísono padre e hija.
—Capitana Rosia, invada las primeras líneas de ataque de
Tair. Que no intente hacer nada —continuó Demira.
—Sí, mi señora.
—Generales Tom y Milla, necesito una gran cantidad de
navíos sobre las cabezas de los de Tair. Frenad esas cosas
gigantes de él antes de que destruyan mi ciudad.
—Así lo haremos —condecoraron ambos generales a Demira.
—Bien, en marcha.
El ejército de Demira era innumerable, pero el de Tair no se
quedaba atrás.
Ivory no dejaba de darle vueltas a la cabeza.
«¿Qué tramas, Tair? Sé que tú has planeado el secuestro
de mi madre. Te tengo trincado», pensó Ivory.
La batalla estaba a punto de iniciarse.
Demira observó que los ojos malditos de Tair (un hombre
de talante oscuro y con una armadura eónica bastante lograda,
pese a no estar transformado todavía en su Eón negro) estaban
inflamados de avariciosa belicosidad.
El viento rugió guerra.
—¡Aniquiladlos! —tronó Demira y su voz de imperial mujer
imparable.
La contienda comenzó.
Demira se convirtió en su Eona al igual que Evan e Ivory.
—¡Adelante! —tronó Rurial.
Los primeros choques de salvajismos armamentísticos
devastaron el terreno colindante cuando reventaron las estelas
de la vida feliz.
—¡Destruiros será pan comido! —bramó Nedalea cuando
empaló a cinco contrincantes con su monumental arma.
Acompañado de Rurial, Galiathael estaba llevando a cabo un
gran combate múltiple.
Descuartizamientos y estallidos de blindajes mecánicos por
cada rincón del campo de batalla era lo más notable, pero la
Ira Divina de los Eones estaba a flor de canto.
Tair estaba metamorfoseado en su Eón maldito.
Y Nedalea fue a por él.
—¡No, hija! —chilló Rurial al ver peligrar el futuro de su hija.
—¡Déjala, Rurial! ¡No vayas a por ella! ¡Sabe defenderse! —le
frenó Galiathael.
Continuando los combates, los ejércitos se jugaban la
inmortalidad en cada restallo de aceros desconocidos por el universo.
Máquinas titánicamente impactantes caían cuales tótems
del cosmos hacia el vacío de la guerra, mientras que soldados
y campeones valientes continuaban llegando a la victoria.
Nedalea plantaba su fiereza sin piedad.
—¡Tair! ¡Sabía que eras tú el que se llevó a mi madre! ¡Maldito
ser despreciable! —condenó Nedalea mientras esquivaba algunos
láseres de las alas cuádruples del Eón de Tair, llamado Juranrar.
Mientras las tropas exterminaban sus ansias, Rurial y Galiathael
llegaban a Nedalea tras dejar atrás cementerios enemigos.
—¡Hija! —se oyó la voz de Rurial de lejos.
Los estampidos de faunas eónicas que se provocaban Nedalea
y Juranrar al luchar como sádicos tigres eran dignos de admirar.
No había quién pudiera frenar a un Eón.
Ni Dios.
Las armas de Nedalea empezaban a corroerse a tanta energía que
desgastaba contra el enemigo, pero éste también sufría la furia de ella.
Tras unos segundos de combate, ambos permanecieron para descansar
mientras continuaban con ojos en duelo.
Respiraciones acometiendo las Trompetas del Apocalipsis o los
Timbales del Armagedón.
—¡Tair! ¡Suelta a mi madre! —rugió Nedalea mientras recuperaba
energías en su posición.
—No conozco a tu madre —habló Juranrar con voz infernal y
ojos rojos de bestia armada hasta los dientes.
—Suelta a mi madre o te arranco la eternidad. ¿Acaso no sabes
quién soy?
La cólera eónica era insuperable en el ambiente.
—Hija de Eones y dueña de una porción de la Luz, y mira qué
miedo das, Nedalea. —Juranrar clavó su gigantesco martillo-cañón
en el suelo para señalar a la Eona—. Tu madre no es lo que me importa.
—Cómo te atreves…
—¿Asesinos de Eones? No sabes nada de lo que piensas ahora
mismo, Nedalea. Quieres averiguar más de lo que tu propio
 omnipoder intenta por sí solo.
Rurial y Galiathael permanecían tensos ante la conversación.
—Vosotros —continuó Juranrar—, un trío de Eones divinos y
dos corrompidos.
—¿Qué? —se sorprendió Nedalea.
—¡Basta, Juranrar! —se impuso Rurial—. ¡Devuélveme a mi mujer!
Y ambos se enzarzaron como perros salvajes en un nuevo combate.
Rurial se llevó por delante al enemigo en ansia de saña potencial.
Galiathael siguió ayudando a los soldados mientras Nedalea se
devanaba los sesos por los secretos palabreados de Juranrar, a la
vez que observaba la lucha entre su padre y el enemigo.
—Dos Eones corrompidos entre nosotros… Galiathael es una
—dijo Nedalea para sí misma—. Y yo…Yo soy otra, pues siento
mi arma asesina de Eones inyectarse de insospechado poder
maldito. No obstante, yo estoy protegida contra la Oscuridad.
Sin embargo, las meditaciones de Nedalea iban más allá.
—“Un trío de Eones divinos y dos corrompidos”, eso dijo Juranrar.
—Observó a Galiathael—. Oí hablar de Galiathael hace dos
eternidades atrás que ella fue la invocadora de una gran legión de
Eones para abrasar las filas más supremas del Dómine por estar
bajo el yugo de la Oscuridad, pero…
Su mente le empezaba a enviar malas imágenes.
—Pero no salió bien. En aquel entonces, Galiathael perdió su
omnipoder y cayó al Mundo con cinco objetos sagrados tras de
sí… Un trío dual…
Nedalea levantó una mirada aterrorizada.
—¡Un eliminador! ¡OH, NO!
Al final dio con el secreto.
Rurial estaba sufriendo una paliza por parte de Juranrar cuando
fue devastado por dos rayos y una onda expansiva de dos hostiles,
pero Galiathael llegó a tiempo para salvarlo y apartarlo de la zona roja.
—¡Papá, aléjate de ella! —se oyó a Nedalea.
Sin embargo, Rurial estaba más pendiente de salir del peligro
(que aún persistía) antes que de escuchar a su hija.
—¡Papá! ¡Papá!
Parecía que el Infierno y su fuego quemaban la voz de Nedalea.
Juranrar estaba extrañamente feliz.
Galiathael lo miró por el rabillo del ojo.
—¡Papá! Tengo que ir a por él.
Nedalea abrió sus diez alas de serafín acorazado y voló a toda velocidad.
Tuvo éxito y se llevó a su padre a rapidez sublime.
Sin embargo…
—Hola, Maly —dijo Juranrar a los ojos divinos de Galiathael,
quien parecía no ser lo que todo el mundo creía.
Nedalea dejó a buen recaudo a su mullido padre y luego se giró
hacia la general Galiathael y Juranrar.
Y…
—¡NO!
El grito de desesperación de Nedalea destruyó el cosmos.
Galiathael estaba siendo triturada por dentro.
El Mal obtuvo a una gran guerrera…


13/10/2016
Destrozada por la reconversión de Demira, Ivory
estaba dispuesta a invocar un arma especial con la que
poder detenerla.
Ahora llevas el nombre de Maly, la originaria
de tu naturaleza eónica dijo Ivory con preocupación
al dirigirse a un altar en medio de una nada celestial—.
Es hora de acabar con esto.
Centrada en una diana de un templo sacro-maldito,
Ivory extendió los brazos y empezó un ritual eónico:

"Comienzo y final, doble eternidad.
Alienta, arma destructiva, el refugio Eón.
Alienta, nombre sin nombre, el coraje y la venganza.
Alienta los corazones sincronizados de un límite arrollado.
Alienta las manos con las que te proclamo
para que concluyas el mundo en un solo dedo:
un diezmador.
Alienta el hálito de cada hombre y mujer
que en tu boca produce al Nuevo Ser.
Alienta a mi Eón, el que te da poder
y succiona la saliva que no tengo pero deseo.
Alienta, alienta la magia y la realidad,
alienta la verdad, el aura boreal
y mi fuerza sobrenatural.
Alienta el gemido de una mujer
y la fuerza de un hombre.
Combina y alienta los esgrimas de una estocada rápida
en el corazón de la Avaricia.
Alienta, yo te conjuro para ser el orden de mi amor y odio".

Tras el ritual, una furia mágica arrasó el brazo derecho
de Ivory convirtiéndolo en una extraña divinidad.
Voy a por ti, madre.
Sentenció Ivory al universo.


14/10/2016

Ivory ya tenía en su poder la misión a cometer: revivir
a Demira, que se había convertido en Maly.
—Traición —dijo Ivory con rabia contenida—. Demira
es Maly, nos ha engañado. ¡Maldita sea! ¡Es una eliminadora!
Antes de abandonar el ritual ya completado y teniendo
en la mano derecha la energía brutal de Alienta, Ivory
comenzaba a sentirse extrañamente débil.
—Oh, Dios... ¿Qué me pasa?
Decaída, desplomó una rodilla al suelo para sujetarse los
mareos.
»Eh, Ivory. ¿Estás bien?
El pensamiento de Nedalea, su Eona de su corazón, la avivaba.
—Creo… Creo que… ¡AH!
Un rugido salvaje tronó Ivory en cuanto se llevó la mano
al pecho.
»¡Ivory! ¡Qué te sucede!
Alarmas rojas por cualquier parte del cuerpo de Ivory,
Nedalea comenzaba a sentirse igualmente exhausta debido
a la conexión directa con su heredera.
—¡Nedalea, se me revienta el corazón!
Ivory estaba fuera de combate en el suelo sufriendo lo que
nunca había padecido en su inmortalidad eónica.
Nedalea, dentro del alma de Ivory, meditaba lo que ocurría.
»Alienta…
Había que darse prisa. Ivory estaba en estado máximo
de alerta. Si continuaba debilitándose, la Existencia perecería
a manos de un ritual mal pronunciado.
»No… El ritual de Alienta no salió bien… Tengo que buscar
a Alienta. Debería de situarse en alguna parte del corazón de
Ivory.
Los Eones, dentro de sus herederos, invocaban sus propios
paraísos donde vivir por siempre en el interior del alma,
por lo que existían paisajes de muchos colores y vidas en las
entrañas de sus humanos “poseídos”, no obstante ahora el
espíritu de Ivory estaba siendo destruido.
Dentro del cuerpo de Ivory…
—Oh, no… Mi querida heredera… —dijo Nedalea con voz
entrando en pánico—. Su cuerpo y alma están siendo
desintegrados por causa del mal ritual. Tengo que darme
prisa en encontrar a Alienta. —Observó a los lados—. Debo
encontrarla.
Alienta era una diosa Eona demasiado omnipotente. Si
Nedalea se enfrentaba a ella, no tendría muchas oportunidades.
Y dio con Alienta en un fondo oscuro iluminado por las auras
cegadoras de la diosa corrompida.
—¡Dios mío! —bramó Nedalea cuando la tropezó de lejos.
Impactada por el tamaño kilométrico de la cosa que tenía 
delante, Nedalea no estaba en condiciones de combatir contra
aquello.
—Es…Es titánicamente universal… Nunca había visto ser igual…
La lucha estaba servida en cuanto algunas colas y cabellos de
Alienta se movieron en una tormenta inesperada.
—¡Nedalea, no puedo resistir más!
Ese grito del exterior era de Ivory, que no dejaba de retorcerse
de cementerios a punto de estallar de inmenso dolor.
—Tengo que domar a Alienta —condenó Nedalea—. ¡Vamos!
Siendo una Eona de poco alcance omnipotente, Nedalea era
bastante hábil, sin embargo, dudaba, pero poco.
—¡Diosa Alienta, regresa a nuestro valor! ¡Te lo ordeno!
Nedalea se abalanzó a por ese ser tan monumental y
desproporcionado de tamaños y fuerza sobrenatural.
Las primeras ondas expansivas que lanzó la diosa parecían
planetas enanos expulsando iras bestiales en contra de
Nedalea, quien los reventaba con sablazos colosales de su arma
extendida.
—¡Alienta, yo te exijo que regreses! —rugió Nedalea de Ira Divina.
Una cola multiacorazada le fue cercenada a la diosa en cuanto
la campeona la mutiló a la velocidad de la luz.
Alienta lanzó un gobierno gutural en cuanto sintió el dolor de
la furia eónica.
Mayores rayos láseres y energías desperdigadas contra Nedalea,
pero ésta los esquivaba cual maestra de la guerra.
Sin embargo, un golpe inédito la estrelló contra paredes negras,
saliendo del campo de batalla.
Ivory no dejaba de debatirse entre vivir o morir.
—¡Nedalea! ¡Mi corazón! ¡Me despedazo!
Ivory estaba lloviendo de guillotinadora presión.
Dentro del cuerpo de Ivory, Nedalea estaba sufriendo bastantes
bajas de energía de repente.
—Dios… No puedo… No puedo… Y mi corazón anclado al de
Ivory también sufre su daño…
Pero aún con todo ese dolor, Nedalea regresó al combate contra
Alienta.
—¡Diosa! ¡Necesito tu ayuda! ¡Vuelve a nosotras! —bramó Nedalea.
—¡Los mundos no son para mí, fraterna de Eones! —habló
Alienta con una voz imperialmente suprema y con un eco
restallando en el cosmos de dentro del cuerpo de Ivory. Parecía
que crucificaba con su voz.
—¡La Existencia está en peligro!
—¡Yo soy la Existencia!
Alienta emanó variadas apoteosis de sus innumerables alas blindadas.
Nedalea no pudo contra lo que se le venía encima.
—No… Eso es un Armagedón Divino-Infernal… Voy a morir dentro
de Ivory… —masculló Nedalea cuando vio el Juicio Final llegando
a ella, lanzado por Alienta.
Sin embargo, una luz intensa procuró un silencio extraño.
Y de repente, todo blanco.
—Ivory… Despierta… —se escuchó una voz femeninamente
acogedora.
Los ojos de Ivory se abrían lentamente mientras recobraban una
energía inédita y paranormal.
Permaneciendo todavía en el lugar del ritual, Ivory se iba
incorporando hasta llegar a la realidad.
—¿Qué ha ocurrido? —se preguntó con algunas jaquecas.
—Ivory, tú me has invocado —continuó hablando esa voz tan 
amparadora de madre eterna.
—¿Dónde estás? ¿Quién eres? ¿Nedalea?
—Nedalea y yo estamos fundidas en una sola energía. Ahora 
somos tú.
Impactada, Ivory recordaba lo que había sucedido y se llevó una 
mano al corazón, sonriendo.
—Nedalea… Lo has logrado —comentó Ivory con algunas lágrimas
de felicidad.
En este momento, Ivory tenía en su poder la fusión entre Nedalea y 
Alienta en un solo ser.
—Bien, Maly. Es hora de cerrar objetivos. —Ivory se ajustó los 
guanteletes—. Diosa Eona contra diosa Eona eliminadora. Prepárate.
Y con la Ira Divina en su mano derecha, Ivory abandonó el lugar 
sacro-maldito hacia su misión: vencer a la Destrucción.


15/10/2016

Ivory descansaba en los cuarteles generales de la ciudad bajo 
el mando de la desaparecida Demira, que actualmente había caído 
al Mal con el nombre de Maly.
Evan acompañaba a su hija en un desayuno copioso y prácticamente 
terminado.
—¿Pretendes ir tú sola a por Maly? No creí tener una hija tan loca 
—dijo Evan al acercarse a su hija por la espalda mientras 
admiraban ambos el amanecer de la urbe voladora.
—Claro que no voy a ir sola. Te tengo a ti. —Se dio la vuelta 
para darle un abrazo tan tierno que parecía uno caído del cielo.
—¿Alienta? ¿Has convocado a Alienta? Definitivamente estás loca. 
—La apartó con suavidad.
—La necesito.
—No necesitas a ningún dios Eón para salvar a mamá. 
Has tenido suerte de que Alienta no te ha absorbido toda 
la omnipotencia eónica. Hubieras desaparecido del mapa en dos 
segundos... Y no quiero volver a perderte como antaño.
Algunas lágrimas de nostalgia asomaron en los ojos del alma de 
Ivory que su padre pudo contenerlas en el corazón.
—Hija, no puedes...
—Sí puedo, papá. Tienes razón. Estoy loca, pero por ti. De amor 
puro.
—No dejaré que te aniquile.
—No lo hagas. Ayúdame.
—No sabes lo que tienes cargando en tu brazo derecho. Alienta 
no es solamente una diosa Eón. Maly te la puede arrebatar. ¿No 
pensaste en eso?
Evan se había puesto cual tipo duro ante tamaña pregunta.
Ahora sí que estaba aniquilada Ivory, pero con palabras de su progenitor.
—Solo quiero salvar a mamá.
Ivory terminó derrumbada a los brazos de Evan sin control alguno.
Tras unos segundos de desahogo, los ánimos estaban calmados 
cuando los rayos de sol arruinaban malos presagios y soñaban con 
próspera serenidad.
—Ivory, no invoques a Alienta en batalla. Deja que Nedalea luche.
—Pero Alienta está sellada a ella.
—Lo sé. Ahora tienes tres corazones: el de Alienta, el de Nedalea 
y el tuyo. Lo bueno de poseer un poder de cazador como el que tú 
tienes es que puedes actuar como presa para las deidades.
—¿Transferir mis poderes de cazadora a debilidad eónica?
—Así es. De esa manera, Alienta sentirá un gran rechazo a ti, pero 
lo suficiente como para no salir de tu cuerpo, además de no tentarse 
a salir a batalla.
—Un equilibrio.
—Sí. —Evan suspiró—. Un dios Eón es peligroso. No debiste 
convocarla, pero ahora que has llamado a Alienta a la Existencia, 
tenemos que evitar que salga a la luz, y si lo hace, espero que tengas 
el control total sobre ella o...
Dejó de hablar Evan cuando le cruzó en la mente una imagen 
terrible sobre la destrucción del universo si un dios Eón o un Eón 
normal era pulverizado.
—Vamos, hija. Hora de ir a por Maly.


15/10/2016 (Segunda parte)
La armada de ejércitos que llegaba al horizonte era extraordinariamente 
temible. Millones y millones de soldados de Maly estaban dispuestos 
a destruir todo lo que se les pusiera por delante.
Demira había sido corrompida y ahora tomaba por nombre Maly: su 
propia amante.
Su aspecto maldito de negros, grises y dorados áureos restallaban 
en el clima como si fueran el segundo sol del cosmos: uno perjurador.
Ivory y Evan dirigían sus tropas millonésimas hacia la batalla en 
un campo de poca vegetación y ámbar empolvado.
Lunas errantes…          
—Oh, Dios mío —masculló Ivory al observar en la lejanía el porte 
majestuosamente bélico de Maly.
—Tranquila, hija. Recuerda: controla a Alienta.
—Papá, ahora no estoy tan segura de hacerlo. ¿Has notado las 
vibraciones en el aire? Creo que Maly no es…
—Ya, ya me di cuenta. Maly no es un Eón eliminador, sino una 
diosa Eona como Alienta.
—Necesitamos a Alienta, papá.
—No desesperes. Habrá que improvisar algo.
—¿El qué?
—Escucha, creo que ya sé por qué han secuestrado a mamá.
—¿Sí?
—La orden Orseus fue en su época una maldición andante. 
Maly era una dictadora bastante empedernida doblegando a las 
gentes en contra de su voluntad. En aquel entonces era una heredera 
de Eón entregada al Bien, pero…
—Tair…
—Sí, hija. Tair la enamoró con la aguja de la Oscuridad.
—El medallón que encontré en aquella noche, no era de Maly, era 
de Tair.
—Ese medallón es una llave. No debiste dárselo a Demira.
—Pensaba que simplemente era una joya bonita.
—No, y ahora estamos en desventaja. —Frenó Evan al ejército con 
un ademán de la mano derecha—. Hija, hay que arrebatarle el 
medallón a Maly. Arráncaselo del corazón e insértatelo tú en el tuyo.
—¿Qué me ocurrirá?
—Según un escrito de Maly que a tu madre le descubrí en secreto, 
ese medallón te expondrá a una energía sobrenatural eónica.
—¿Qué quiere decir eso?
—Que ya no necesitarás a Alienta. Tú misma serás una diosa 
Eona junto con Nedalea. Entonces Maly desaparecerá y Demira 
regresará con nosotros.
—Pero ¿y mamá?
—El medallón es de ella. Orseus es el nombre del medallón, y es 
un Eón dentro de ese objeto. —Evan contempló a su hija con ojos 
preocupados—. Tu madre y mi esposa, es el recipiente perfecto 
para Orseus: el Eón de la Neutralidad. Luz y Oscuridad unidas eternamente.
Ivory desalojó un grito de horror apagado al taparse la boca con las manos.
—Por eso quieren a mamá, hija mía. Ella nació con una energía 
divino-maligna marcada por causa de Dios. Es una heredera 
demasiado omnipotente, y Tair y Maly la quieren para propagar lo que deseen.
—Hay que salvar a mamá y pronto.


16/10/2016

La teoría estaba clara, pero la práctica era lo privadamente terrible.
—Papá, Maly tiene demasiado poder —dijo Ivory cuando ya se 
transformaba en Nedalea. Se le podía percibir la omnipotencia de 
Alienta en su interior.
—¿Quieres probar la fusión eónica? Tú y yo dentro de Alienta.
—¿Estás seguro?
—Adelante. Maly es muy poderosa estando allí con Tair. ¡Vamos a ello!
Decidido Evan, se convirtió en Rurial y ancló piernas en el suelo.
—¡Venga, hija! ¡Fusión!
De repente, una luz cegadora de azul y verdes albos envolvió a los hábiles Eones.
El ejército bajo el mando de ellos estaba impresionado por lo que iba aconteciendo.
Y enseguida, una nueva figura entró a la Vida.
—¡Eona maldita, es hora de terminar con lo empezado! —rugió un ente venido 
de otro mundo de Eones.
Rurial y Nedalea se habían fusionado en un ser extraordinariamente imponente.
Seraphalia, el Eón de la Naturaleza Suprema, estaba ahí delante de todos plantando 
amenazas contra Maly.
—¡Devastadlos a todos! —tronó la voz imperial de Seraphalia.
Éste estaba entregado a dones secretos de Alienta, que sin dejarla aparecer al 
combate por temor a que se descontrolara, aprovechó para “robarle” algo de 
omnipoder y emplearlo a voluntad contra la diosa Eona Maly.
Y en pocos segundos, Seraphalia y Maly, que decidió fusionarse con Tair, chocaron 
blindajes eónicos estampándose las atroces furias universales como sádicos 
caballeros sin temor a morir fulminados por sus energías insuperables.
El Fin de los Tiempos había empezado.
Mientras tanto, en el cosmos, en un navío bélico…
—Evan, cariño mío… —dijo una voz femenina.
La mujer estaba oculta en unas cajas de un material extraño.
—Tengo que salir de aquí.
Observando tímidamente por arriba de un arcón de acero puro y brillante 
que unos soldados se marchaban de la zona, la mujer aprovechó para seguir su 
huida de allí.
—Evan, Ivory, no dejéis que Maly os desgaste… Oh, Dios. Protégelos, por favor…
Permaneciendo otra vez escondida en una esquina, contempló un espejo 
donde se reflejaban sus preocupaciones… y un alma corrompida.
—Mi omnipotencia eónica está en peligro. —Se abrió la vestimenta 
mostrando escasamente sus senos voluminosos y morenos—. Mi corazón 
está casi ennegrecido. Maly me ha debido de inyectar Oscuridad. Necesito 
mi medallón.
Sintiendo una leve punzada en el corazón, hizo una mueca de dolor intenso 
pero controlado, y luego continuó la escapada.
Se colocó bien una pulsera que su marido le había regalado hace ya tiempo, 
y decía su nombre.
“Nina”.
En la guerra, Seraphalia y Maly se repartían brutalidades bélicas sin 
misericordia. Pedazos de armaduras múltiples y pertrechos rugiendo como 
faunas descontroladas de sangre de Eón, todo eso era lo más destacado en el 
duelo de dioses.
—¡Impura Eona! ¡Acabarás en mi Infierno, bruja! —desencadenó 
Seraphalia su Ira Divina en una voz inmejorable de valor.
Los sablazos y el poderío que se gastaban ambos contrincantes resonaban 
por el mundo entero como si fueran dos dragones universales arrancándose 
las eternidades.
Las tropas enemigas decrecían en número debido a la leve ventaja que poseía 
Seraphalia: Alienta. Sin embargo Maly no quedaba atrás. Empleó un 
contraataque acérrimo que placó a su hostil.
—El dominio de los Eones me pertenece, Seraphalia. ¡No me 
impedirás! —tronó Maly con origen abismal llegado de su garganta 
corroída por la Oscuridad.
Seraphalia salió despedido hasta encallarse en unas rocas gigantes.
Y luego, Maly empezó a ensañarse con él a puñetazos y aletazos 
acorazados sin freno alguno.
Dentro del organismo de Seraphalia…
—¡Papá, hay que liberar a Alienta! —gritó Ivory con descontrol.
—No… Vamos… Aguanta, aguanta… —Evan estaba sumido en su 
energía que Seraphalia le brindaba, intentando que no se desplomara y 
provocara una catástrofe sobrenatural.
—¡Papá! ¡Papá! ¡Alienta, rápido!
Evan hacía oídos sordos mientras observaba desde su mente la paliza que 
Maly estaba procurándoles a cada parte del ser de Seraphalia.
—¡Papá! ¡Mi energía no puede soportar más! ¡Papá! ¡Me duele mucho!
—¡Alienta!
Evan al final decidió.
Una supernova eónica destruyó el corazón de Seraphalia desde dentro, 
se originó un apocalipsis interno en su cuerpo y la diosa Alienta abandonó 
su silo a una velocidad invisible a los ojos humanos.
Dispuesta a todo, Alienta poseyó el organismo de Ivory, Evan y sus 
Eones, además de la fusión Seraphalia.
Maly fue despedida al recibir una onda expansiva cuando Alienta 
tomó parte en la batalla fundiéndose con el organismo del débil Seraphalia.
—¡Eona corrompida por la Oscuridad! ¡Pagarás tu maldad que produces 
allá donde impones tu desdicha! —expulsó la voz de Alienta unida a la 
de Seraphalia, que ya recuperaba energías gracias a la diosa benigna.
Maly y su fusión con Tair estaba viéndose en peligro, lo que Alienta 
aprovechó para comenzar a fulminarla con algunos láseres y cólera 
divino-maligna.
Ivory y Evan ya estaban de nuevo a la carga pero preocupados por el 
temor de que Alienta prefiriera ir a su voluntad en vez de obedecer al combate.
La Existencia trepidaba como una cría llorosa.
Mientras tanto, en la nave cósmica…
—Necesito unos cuántos líquidos de la gama Blaser Celesta —dijo 
Nina con nervios de acero mientras condimentaba un tubo de gran 
magnitud explosiva que haría estallar un búnker—. Vale, vale. Esto ya está 
listo. Date prisa, Nina.
Otorgándose ánimos a sí misma, después encajó el explosivo futurista en 
una pared y salió pitando de allí.
—Tres, dos, uno…
Una aniquilación de enorme extensión destruyó el lugar dando alertas por 
todos lados.
Nina abandonó su escondite escudado y…
—Una nave auxiliar. ¡Bingo!
Se dirigió hacia ella mientras recibía disparos a distancia.
—¡La prisionera! ¡Que no escape! ¡Vamos, vamos! ¡Vamos, maldita sea! 
¡Id a por ella! ¡Detenedla! —ordenaba un soldado que interceptó a Nina.
Ésta lanzó algunas bolas de energía rápida contra los enemigos que le 
frenaban el paso, y llegó a la nave.
Entrando con prisas desesperadas…
—Oh, mierda. ¿Cómo se maneja esto? Mis conocimientos sobre vehículos 
de esta calaña no me dan para tanto… —espetó Nina con más problemas.
Probando botones…
—¡Se eleva, se eleva!
Feliz, agarró los mandos holográficos y tomó vuelo rompiendo a metralletas 
láseres una pared.
La succión del universo entró como fiera imparable llevándose a su 
vacío negro todo lo que pudiera… Hasta la nave de Nina. Pero pudo 
controlar el vehículo y siguió la huida.
En la guerra, Alienta y Seraphalia (en el mismo organismo) hacían 
buen trabajo devastando los blindajes de Maly (unida a Tair en un solo ser). 
Poco a poco se podía ver sangre fresca de Eón.
—¡Maldita Eona del Mal! ¡Ese medallón no te pertenece! —rugió Evan 
desde lo más profundo del coraje de su bestia Eón.
Con variados puñetazos rápidos en la cabeza indescriptible de Maly y 
unos cuantos sablazos de su arma monumentalmente apocalíptica, 
Seraphalia acumuló enorme poder de Alienta para mostrar su final.
—¡Eona entregada a la Oscuridad! ¡He aquí tu extinción! ¡Tu eternidad 
es mía! —bramó Seraphalia con valor inmune a todo.
Absorbiendo tantas auras como podía, Seraphalia después se colocó 
en una posición definitiva y expulsó una ingesta cantidad de omnipotencia 
contra Maly.
Un orondo láser de azules, rojos y blancos dorados fue a por la enemiga 
con una fiereza desmedida.
Maly pudo frenar la acometida terminante con su propia energía.
De inmediato, dos láseres colosales se enfrentaron en medio de la 
guerra iluminando el mundo con sus bélicos rostros de Eón.
—¡Papá! ¡Maly es muy poderosa! ¡No aguantaremos tanto desplome 
de energía! —chilló Ivory desde el interior de Seraphalia.
El magno láser de Seraphalia cobraba más intensidad cada vez que 
Alienta le otorgaba más Ira Divina Eón, pero Maly no quedaba atrás.
Parecía que nadie iba a vencer.
Seraphalia resbalaba sus pies multiarmados mientras expulsaba sin 
remedio más y más energía al igual que lo hacía Maly.
Un soldado detectó demasiado peligro.
—Oh, no… No, no, no, no… ¡NO! —gritó nervioso mientras 
activaba el auricular del ejército—. ¡Mis generales! ¡Los Eones 
están promoviendo un Armagedón Eón! ¡Hay que huir! ¡Retirada, retirada!
Atendiendo a la orden, una general bastante veterana atisbó el irremediable 
peligro.
—Dios mío, es cierto —dijo con voz trémula desde una colina cuando 
masacró a un enemigo con su espada-cañón—. ¡Atención a todo el 
ejército! ¡Escudos de energía máxima! ¡Rápido!
La mujer sabía que no se podía escapar debido a la magnitud tan 
kilométrica de los láseres enfrentados de Maly y Seraphalia, por lo que 
se optó por defensa… Aunque dudaba en sobrevivir.
Enseguida, todo el mundo (hasta los enemigos) se escudó en protecciones 
de energía unida esperando a que el Apocalipsis Eón no los arrollara y 
borrara del mapa.
En el espacio…
—Madre mía, ¿qué es eso? —masculló Nina con una sorpresa 
llevándose a preocupación fuerte—. Parece un Armagedón Eón a 
punto de ser iniciado… ¡Evan!
Con su poder eónico, Nina percibió el corazón de su marido.
Apuró motores futuristas en dirigirse al mundo.
Seraphalia era un caballero inmejorable pero su energía y la 
de Alienta estaban mellándose lentamente.
—Ah, maldita sea. Me empiezo a encontrar débil —murmuró Evan 
dentro del organismo Eón.
—Papá… Papá… —Ivory no podía dar más de sí y entrecerraba los 
ojos con vitalidad muy baja.
—Ivory, aguanta… Aguanta, hija…
Ambos estaban demasiado decaídos como para continuar. Ahora 
lo único que restaba era la propia energía de Seraphalia controlando 
la de Alienta… Y un milagro.
Un ángel del Cielo.
Unos soldados atisbaron en el firmamento una nave.
—¡Qué es eso! —gritó una guerrera.
La embarcación caía en picado, y de ella, un Eón de colores 
dorados y oscuros blandiendo una melena rubia resplandeciente 
como toda su armadura múltiple.
—¿Qué es eso? Parece un Eón, pero la banda que lleva no es 
reconocida como tal ser —se susurró la guerrera a sí misma, y 
fijando una visión más curiosa…—. ¡Es Orseus!
Nina, dentro de Orseus (el Eón de la Eternidad), llegaba a la guerra.
Dios soltó una lágrima extraña.



16/10/2016 (Segunda parte):
Orseus descendió a gran velocidad en busca del freno de 
la hecatombe eónica que estaba promoviendo los dos láseres de 
Seraphalia y Maly.
—¡Es mamá! —gritó Ivory con cierta debilidad pero recobrando 
la esperanza.
Orseus entró en el láser y, con innumerable omnipotencia 
como Eón legendario que era, pudo controlar la extensión del 
rayo magnánimo evitando la alarma de Armagedón Eón.
Los ejércitos estuvieron a salvo pero no por mucho tiempo, 
pues la guerra continuaba su cauce imperturbable. Regresaron a combatir.
Resplandeciendo cual Ángel del Juicio Final, Orseus estaba imponente.
—¡Amor mío! —deseó Evan desde el interior de Seraphalia.
—¡Evan! —chilló Nina dentro de su Eón Orseus.
Anhelando abrazarse inmortalmente, había que desistir de ese amor 
tan intenso por unos largos momentos, pues Maly comenzaba a 
recuperar sus energías y había que frenarla.
Orseus se unió al equipo de batalla.
Ahora tanto él como Seraphalia, la familia al completo, estaban dispuestos 
a parar la Oscuridad.
Sin embargo, Maly tenía muchos ases en la manga.
—Eones divinos, seréis todos míos —masculló Maly con furia 
desmedidamente contenida.
Maly empleó su omnipotencia que le otorgaban sus habilidades de 
diosa maldita.
—¡No! —tronó Seraphalia al ver lo imposible.
—Maldición. —Orseus también estaba anonadado.
—Hagamos una doble fusión.
—Sí.
Uniéndose Orseus y Seraphalia en un solo ser, ahora nació el Eón 
de la Divina Eternidad.
Evandelión.
Maly estaba transformándose en su total, completo y absoluto 
poder maligno apareciendo como una entidad kilométrica en el 
planeta. Tan gigante era que no podía permanecer en el mundo, 
por lo que tuvo que salir al espacio.
Evandelión tenía graves problemas ante tamaño magno y 
omnipotencia desperdigada por cada parte de la nueva Maly.
—¡Ser de la Oscuridad! ¡El medallón de mi linaje no te pertenece! 
—lanzó Evandelión con la voz del Eón Supremo—. ¡Orseus será 
limpiado y caerá el fuego de mi ira sobre tu corazón negro!
La batalla final estaba servida en plato del infierno.
Mientras los ejércitos combatían sin piedad, Evandelión tenía 
clara la misión: acabar con Maly y recuperar su medallón.
—¡Vamos! —inició Evandelión.
Volando con sus veinte pares de alas de Eón del Infinito, se adentró 
en la Oscuridad.
El Corazón del Caos.
Dentro…
—Dios mío, ¿qué es todo esto?
Sorprendido Evandelión por lo que observaba, convino que iba 
siendo hora de…
—Alienta, llegó tu momento. Expande toda tu energía por mi organismo.
—Así sea, caballero divino.
Sabiendo que Alienta ya estaba totalmente doblegada ante la omnipotencia 
que gastaba Evandelión al cosmos, la diosa se entregó por completo a él.
Como hacer el amor eternamente.
El Eón de la Divina Eternidad sintió una sobresaturación de energía 
que le permitió relucir cual guerrero inmune.
—¡Maly, he aquí tu final! —rugió Evandelión la Luz.
Devastadora de varios filos, alas acogiéndola como bebé único del 
Bien, corazas protegiéndola cual niño prohibido, vestimentas 
amparándola al ser una adulta doncella destructiva, y runas y 
auras tomándola por anciana mítica, el arma evangélica de 
cincuenta mil signos exterminadores de Evandelión tomaba por 
nombre Albunthazel.
—¡Adelante! —se adelantó Evandelión.
Millones de entidades oscuras estaban amenazando al campeón divino.
En posición de combate, Evandelión arrasó con los primeros mil 
enemigos con su espadón múltiple.
—¡Apartaos de mi camino!
Henchido de la cólera de un dios desmedido, continuaba su 
destrucción celestial.
Rayos de su armadura que extinguía los flancos malditos, 
escudos invisibles devorando los fuegos del abismo, ondas 
bestiales salvajemente disparadas de Albunthazel para 
abrirse paso en la profundidad de la Oscuridad, puñetazos a 
diestro y siniestro contra brutalidades inimaginables que 
superaban en tamaño al campeón, todo eso y más belicosidad 
era lo que Evandelión daba a placer y goce de los héroes 
invisibles que le acompañaban.
Valor y Victoria.
—¡Maly, basta! ¡Regresa a mi luz! —expulsó Evandelión 
una orden directa mientras continuaba rompiendo los grilletes 
de la Oscuridad con tanto enemigo de por medio.
Evandelión tuvo que frenar su imparable avance ante lo que vio.
—Una barrena de soldados. Ahora veréis lo que es bueno.
Envolviéndose en poderosas auras de energía, voló a la 
velocidad de la luz para pulverizar las murallas que invitaban a 
salir corriendo de allí.
Reventando los estallidos de gritos que allí perjuraban contra 
Evandelión, éste logró traspasar las urbes negras de la zona.
—Estoy más cerca de ti, monstruo. No tienes derecho ninguno 
de blasfemar contra el linaje Eón, Maly. ¡Ninguno!
La Ira Divina de Evandelión no tenía límite. Cada vez más y 
más se otorgaba a sí mismo como indiscutible caballero celestial.
La siguiente ronda de batalla estaba servida.
—¡Pagaréis todos enfrentaros a mí!
Albunthazel despidió una gran cantidad de apocalipsis de sus 
cañones ocultos en los filos para dejar libre el camino, y luego 
Evandelión hizo el resto.
Conquistar la Oscuridad.
Dejaba atrás enormes hostiles de características diferentes.
Sin misericordia, los demolía hasta dar con la diosa Maly.
Y allí estaba, tronando la caída del universo en sus manos.
Evandelión permanecía cual caballero impasible ante el Mal.
—¡Maly, desiste de blandir la Espada de la Oscuridad y entrégate! 
¡No te lo volveré a repetir!
Era inmejorable su porte divino.
Maly lanzaba más rugidos ensordecedores que rompían los oídos 
de Dios y hasta de Satán.
El Infierno tuvo que cerrar sus puertas para que dejara dormir.
Evandelión no contaba con que el exagerado poder de Maly podía 
comérselo de un bocado.
Y sucedió.
Evandelión sufrió una desmesurada profundidad de golpes 
mágicos en cuanto Maly despidió una gigantesca cantidad de 
energías contra él, despedazándolo poco a poco.
—¡Evan, utiliza mi energía sagrada para inyectar más energía 
a Evandelión! —mandó Nina desde el interior del Eón de la 
Divina Eternidad.
—¡Ivory, apoya a tu madre mientras le sustraigo energía! 
—ordenó Evan a su hija.
Trabajando codo con codo y mientras Alienta daba todo de sí 
también para recuperar la estabilidad de Evandelión, todos eran 
los Héroes de la Vida.
Esquivando y protegiendo acometidas insaciables de muerte, 
Evandelión lograba gradualmente concentrarse para evadir a Maly.
—¡Maly, maldita Eona! ¡Basta! —vociferó el Gran Eón.
Logró placarla.
—¡Me toca!
Evandelión empezó a desalojar toda su Ira Divina contra Maly.
Colas cayendo en picado al abismo, alas siendo destrozadas 
con el odio empleado para el bien, blindajes terminando limados 
por Albunthazel y su desmedida energía sin límites, soldados 
desapareciendo en los tártaros de sus agónicos rugidos, y más 
devastación que procuraba Evandelión, el triunfo estaba tocando 
pronto.
Maly había conseguido rebasar los límites de Evandelión que 
hasta observó que logró reventarle las armaduras del pecho, con 
lo que podía empezar a succionarlo.
Pero Evandelión era irremediablemente fiero.
Eludiendo láseres en masacre, genocidios bíblicos, fulminaciones 
a diestro y siniestro y ataques salvajes, Evandelión tenía la última 
orden de su parte.
—¡Maly, acaso no sabes quién soy yo! —exclamó el Eón.
Escuchando los gritos desgarradoramente insoportables de dolor de 
Maly al provocarle tanto daño en su organismo maligno, Evandelión 
preparó el golpe fatal.
Apuntó con Albunthazel al corazón y alma de Maly.
—¡Yo soy la Eternidad!
Y con el Juicio Final de su parte, Evandelión se lanzó en flecha 
invisible contra Maly.
Empaló la Oscuridad con la Luz.

***
Los días en el linaje eran tan acogedores que un calor extrañamente 
familiar recorría en el cuerpo de Ivory mucho amor.
Evan y Nina volvían a apasionarse tras tener en manos el medallón 
Orseus, además de que Demira estaba de nuevo también en familia 
al haber sido succionada su parte malvada: Maly.
Tair también fue absorbido en el combate eterno, ya que su Eón 
estaba sellado a la Oscuridad de la diosa Maly.
Ivory no podía ser más feliz al regresar a la vida que llevaba antes… 
¿O sí podía ser más feliz?
—Hija mía, ¿por qué nos dejas de nuevo? —dijo Nina al 
interceptarla en la puerta de casa.
—Mamá, no puedo quedarme con vosotros. —Algunas lágrimas 
le asomaban.
—No, por favor. No te vayas, mi Ivory. El que no hayamos 
cuidado de ti tu padre y yo en el pasado, no significa ahora que 
no lo hagamos.
—Estaré bien.
—No te vayas de mi corazón, Ivory.
Nina se abrazó a ella con llantos insostenibles.
Ivory no pudo contenerse y también se abandonó a ella.
Evan y Demira observaban la triste y tierna escena desde una 
ventana del hogar.
—Eh, Evan. ¿No vas con ellas? —preguntó Demira.
—Es mi hija, pero no una niña. No puedo impedirle lo que desee, 
siempre que sea bueno. Me gustaría tanto que se quedara con nosotros…
—No te preocupes. Yo cuidaré bien de ella.
—No hace falta que me lo prometas. Sé que lo harás.
Con una sonrisa y un abrazo amistoso, Evan despidió a Demira.
En la puerta de casa, Nina no dejaba de llover por su hija, sin 
embargo iba entendiendo el destino de Ivory.
—Mamá, no te preocupes. Estaré bien. Os vendré a visitar cada 
vez que pueda.
—Mi amor siempre tiene la puerta abierta para ti. Siempre…
Con los ojos brillando un próspero futuro de lágrimas felices, 
Nina le hizo entrega a su hija del medallón.
—Ahora que te hago heredera de mi sangre —dijo Nina 
colocándole el medallón—, te designo líder de Orseus, pues yo ya 
no quiero pertenecer a ese clan.
—Oh, mamá.
Un nuevo abrazo pero de bienestar, sin lágrimas ni penas capitales.
Después, Ivory despidió una última vez a sus padres y se marchó con 
Demira.
—Eh, ¿a qué vienen esas gotitas de niña? —habló la general Demira 
con gracia.
—Déjame en paz. —Le golpeó cariñosamente un hombro.
—Oh, la niña está molesta. Hagamos una carrera hasta Orseus.
—No serás capaz.
—¿No? Esta noche no estás invitada a mi banquete. —Salió pitando.
—¡Eh! ¡Cómo qué no! ¡Ahora verás!
Feliz por la nueva vida que iba a llevar como primera al mando de 
Orseus y segunda general tras Demira, Ivory persiguió el destino.
El camino hacia la Eternidad.

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